LUCES Y SOMBRAS

LUSOM

Me alejo de la oscuridad y la razón se interpone entre mis palabras y yo.

 Oigo las letras retumbando en mi cabeza y me olvido de sentir.

 Busco los vocablos, los conceptos, que se ajustan.

 Las ideas que concuerdan.

 Configuro un sentido.

 Empiezo a crear.

 

<<La vida oscila ente ciclos de luz y oscuridad>>

La noche es oscura.

Las plantas respiran. Los niños duermen. La mente indisciplinada empieza a cavilar.

Es oscura.                           Asusta.                Encierra.

La negritud encarna al subconsciente. Simboliza lo incontrolable, lo irracional, lo inhumano, si me apuras. Nos exculpa de nuestra propia naturaleza, aludiendo a un instinto indomable. Nos expía de nuestros pecados, alegando enajenación.

 

El día es claro.

Alegrean las flores. Colorarean los cielos. La mente aplacada no impone alucinaciones.

Es clara.                               Inspira.                Despierta.

La luz de la conciencia representa la verdad. La iluminación extracorpórea que nos hace omnipotentes, ilimitados. Nos acerca a lo divino, porque habita en nosotros. Nos eleva de la inmundicia, porque el mundo nos pertenece.

 

<<Blanco y negro>>

Verdes, morados, azules, marrones, detrás de todos se oculta el negro.

El blanco es puro.

 

 <<Lo oscuro es ambiguo>>

Lo oscuro es diverso. Da lugar a interpretaciones. El crítico es tan protagonista como el criticado.

 

<<Lo blanco parece simple>>

Mas lo simple no ha de ser siempre fácil.

 

 

>> ¿para qué quiero sombras que son sólo mías?

La luz es de todos.

Es para todos y en ella nos reconocemos iguales.

 

>> yo quiero ser luz

Me asusta la oscuridad.

El miedo crece al pensar que escondidas tras las sombras hay formas que no veré, no conoceré, no sabré como tratar.

¿Y si enciendo la luz y no hay nada? Habré invertido el tiempo en especular sobre sombras.

Si se iluminan me veré desnuda frente a otros y no me sorprenderá darme cuenta de que nos cubre la misma piel. Mi nombre, mi arte, mi identidad, se desvanecerán.

 

>> que sea

Que la negrura sea unos ojos vivos cuestionándome el sentido de esta vida.

Que no sea un lodo asfixiante.

Que sea un motivo para creer en la luz.

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LA REVOLUCIÓN DE LA ESPERANZA (Erich Fromm)

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“Si bien es cierto que para actuar el hombre primero tiene que pensar, también lo es que, si no tiene la oportunidad de actuar, su pensamiento se apaga y pierde su fuerza”.

A estas alturas no hace falta explicar que vivimos en una sociedad absolutamente digitalizada y pocos son los que no saben ya las consecuencias psicológicas que esto supone. Algunos efectos son el aumento de la ansiedad, la falta de concentración o la sensación de aislamiento y soledad. El hombre postmoderno a pesar de haber llenado su vida con incansables actividades es, esencialmente, un ser pasivo e improductivo. Aunque se ha colmado de ocupaciones para aliviar su silencioso aburrimiento, en pocas ocasiones éstas tienen una dimensión creativa. Normalmente son actividades pasivas que consume sin comprometer su imaginación. Esto que podríamos llamar una patología de la normalidad produce anhelos que arrastran al hombre a una vida de continua insatisfacción. El efecto feedback se hace patente. Muchos confunden la felicidad, con la mera satisfacción de sus deseos, sin importar la calidad de la misma. El hastío continuado ha dejado de ser consciente y se ha transformado en un sentimiento generalizado de desesperanza. La rueda del consumo lleva a la humanidad por una corriente que es imposible parar y es entonces cuando quebranta una de sus leyes más primitivas, esa que dice: “La esperanza es lo último que se pierde”.

 

“La esperanza es un elemento decisivo para cualquier intento de cambio”.

Pero aún nos quedan muchas cosas por perder antes que la esperanza. Esperar forma parte de la vida. Tomamos decisiones continuamente, y en la mayoría de los casos no podemos estar seguros instantáneamente de que la elección sea la adecuada. A no ser que contemos con un sofisticado método predictor fiable (que llamamos estadística y en absoluto es fiable), lo único que nos queda es la vieja esperanza.

La esperanza es un estado paradójico, pues en el mismo acto de esperar que algo ocurra contemplamos la posibilidad de que no ocurra. Es el elemento que nos motiva a acercarnos a cuestiones que implican incertidumbre. Pero el hombre que ha perdido la esperanza, en consecuencia, ha perdido también el interés. Tener interés significa transcender a la mente autocentrada, ver más allá de uno mismo. Al perder el interés, también hemos delegado la responsabilidad. Ahora creemos que nada de lo que acontece en nuestra sociedad nos compete. Siempre es culpa del Gobierno, las empresas, el sistema educativo…etc. Y como consecuencia final, por haber abandonado nuestras responsabilidades, hemos renunciado también a nuestra libertad.

   

“Tener fe es un estado, una forma de ser”.

Creemos que no somos libres y eso es lo único que no nos hace libres. Si uno mira el panorama mundial como un cautivo mira el exterior de su celda, no he de extrañarnos que éste resulte absolutamente desolador. Cuando un hombre es capaz de responsabilizarse de los acontecimientos de su sociedad e interesarse por cambiarla, despierta en él un sentimiento de esperanza. Y esa esperanza, que no es otra cosa que una fe en sí mismo, es el motor principal del cambio.

Tenemos el deber de participar creativamente de la realidad en que vivimos, si queremos que esa realidad sea diferente. No se trata de obviar la existencia de injusticias, ni infravalorar el poder de las decisiones políticas y empresariales en nuestras vidas. Más bien se trata de hacer un uso más realista y consciente de esa libertad que creemos haber perdido. Hay que invertir el proceso. Lo primero que debemos hacer es tomar conciencia de la responsabilidad de nuestros actos como ciudadanos y consumidores. Una vez conseguido esto, deberíamos empezar a interesarnos por la diversidad de ofertas políticas, culturales y de consumo en general que tenemos a nuestro alcance. Gracias a nuestra capacidad de juicio crítico podremos elegir la opción que más se corresponde con lo que deseamos que ocurra. Automáticamente la esperanza de que el cambio es posible nacerá en nosotros. Esta esperanza actuará como un catalizador y nos motivará a realizar cada día más cambios en nuestra propia vida. Y cuando miremos al exterior, con la visión de un hombre o una mujer libre, nos hallaremos ante un panorama más esperanzador, pues veremos a nuestro alrededor las cosas que hemos decidido cambiar.

La esperanza de que algo cambiará mañana solo puede nacer de la fe genuina en que nosotros estamos cambiando algo hoy.

http://www.neek.com.mx/

EL ARTE DE VIVIR

pintorEn el arte de vivir hay que cuidar los detalles.

Al igual que un pintor en su óleo no deja al descubierto los trazos a carboncillo, deberíamos  cuidarnos de no exponer nuestras conclusiones de manera prematura. Cuando vemos la obra no vemos el proceso y en eso radica su magia.

Es importante saber qué decir y qué no decir, pues si bien uno es responsable de sus palabras, poco puede hacer una vez que éstas han atravesado el intelecto del otro. Si explicamos continuamente lo que observamos, sentimos y pensamos, perdemos el efecto, es como si nos hallaramos eternamente frente a una obra inconclusa.

No se debe ir haciendo alarde de lo que se sabe, mas es bueno mostrar sin reparos lo que no se sabe. Y no se trata de una estrategia maliciosa, es un acto de escrupulosa creación. Si pretendemos relacionarnos con el mundo de una manera estética, los bocetos, apuntes y tachones no necesitan ser siempre mostrados.

Las ideas, las relaciones simbólicas, en las que cada quien se basa para vivir son como las cuerdas de una marioneta; deben pasar desapercibidas para que el espectador sienta la verdad cobrando vida ante sus ojos.

El buen artista es aquel que revive en sí mismo su obra, sin necesidad de explicarla. La encarna desde la más elaborada sencillez. En este viaje a la profundidad de lo sublime está abanderando dos nobles causas. Una es la de mantener la atención en un objeto, trabajar con él hasta despojarlo de todas sus apariencias y llegar al fondo de la verdad. Otra, entregarle al mundo la más simple de las bellezas, la más sutil de las experiencias.

POESÍA FLAMENCA

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TIENTOS

¿A dónde ibas sin tiento?

                     A donde estaba mi alma.

 

Llegué perdiendo el aliento

a la puerta de mi casa

y no encontré allí el cobijo

con el que siempre soñaba.

Corrí buscando escaparme,

me espanta la madrugada.

Rompí mi pecho en silencios

y mordí la voz que me habla.

No quiero llantos ni penas

solo aliviar este enredo

que me crece en las entrañas

desde que ya no te tengo.

 

Y en que maldito momento

pensé que tú eras mío

si yo soy sólo del viento.

En que maldito momento

dejé que tú me apresaras

en las ramas de sarmiento,

creyendo que nacerían

de mi flor todas tus hojas

y ahora tú me despojas

de tantos y tantos sueños.

No quiero ser odio ni miedo,

quiero ser la luz que alumbra

el sendero polvoriento

que nos lleve a algún lugar

lejos del sufrimiento.


TANGOS

El sonido de ese beso atraviesa mi silencio.

en la soledad deliro, de poquitas cosas vivo.

De tanto, tanto, pensar, de tanto pensar te escribo.

Que si no fuera sin ti, no escribiría tanto.

Que si estuvieras aquí, ya sonaría otro canto.

 

De madrugada y con versos,

Así voy matando al tiempo.

 

Sin prisa, escribo, sin rima,

tachando los días de pan duro y hueso.

Buscándole el arte a cada momento.

Mezclando estructuras de mi pensamiento,

pues no siempre encajan del todo las piezas

que tejen mantones de hilo en mi pecho.

 

De madrugada y con versos,

Así voy matando al tiempo.

 

Bordando mi mente siempre tu recuerdo.

Del dolor se escriben los mejores cuentos.

Se cambian las líneas por prosas sin nexos.

Hilvanar palabras es siempre complejo.


BULERÍAS

Son tus besos caracoles

que me trepan por el cuello,

van en busca de las flores

que ya no habitan mi cuerpo.

 

Tras mi frente los colores

con los que pinto recuerdos,

en mi boca los sabores

que me trago en mi silencio.

 

No hay azul en este cielo,

del calor no queda nada.

El invierno frio infierno,

la primavera soñada.

 


2º Premio “Isabel Ovín” 2017

NUDOS

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Nadie vive al margen de los nudos del hombre.

Humanos inútiles siempre encadenados.

Maraña enredada en el centro de mis tripas,

si vomitas solo alma sale aire enrarecido.

No hay saliva suficiente para escupirte esta ausencia

y me danzan retortijones de angustia flemática.

 

Nadie nunca quiere dar con el nudo que lo desbarata.

Nadie lo descubre sin ahogarse en sus entrañas,

en el fondo de sus lagos, en lo oscuro de sus aguas.

Yo quiero desatarme de los quiero y no puedo,

de las pétreas creencias y apariencias obligadas.

Ni quiero, ni tengo, ni estoy. Solo soy.

Soy más que un cuerpo.

Más incluso que esta ristra de pensamientos

y en mis torpes intentos de ser algo que no soy

me perdí en tus aguas y a la deriva voy.

 

Nadie nada entre los nudos de un alma abandonada.

Nadie quiere deshacerlos por si fuera una amenaza.

El fósil de mis virtudes se tornó en tu propia jaula.

Jalaste de las cadenas y ya no temes mis alas.

Explotó la tormenta y un trueno retumba en la lágrima,

que se convertirá en océano si este dolor nos separa.

 

Nacida de donde vengo, vago en busca de mis miedos,

en busca de mis acordes, desacuerdos y sosiegos.

Me aventuré en un velero si conocerme los vientos,

a pesar de la ventisca conseguí llegar volando

y he venido a recoger la cosecha de mis sueños.

Por la sien de mis delirios a cien nudos voy surcando,

luchando con la marea para izar mis propias anclas.

Navego de vuelta a casa, navío de viejas guerras,

me desato esta locura, me libero de esta carga

pues nadie nunca encuentra nada con un nudo en la garganta.

 

Ganadora 2º Premio, Concurso “Isabel Ovín” 2017.

LA IDENTIDAD FRAGMENTADA

IMG_6765.jpgidentidad.

es la relación que tiene cada entidad humana consigo misma.

es la imagen de la autoconsciencia sumergida en el contexto social.

es el conjunto de rasgos, valores, símbolos, creencias y costumbres propios de un individuo o una comunidad.

es la intersección entre la relación con uno mismo y con el mundo exterior.

 

Configuramos nuestra identidad a lo largo de la vida y a la vez cargamos con una identidad que nos es otorgada por haber nacido en un lugar y en un momento determinados. Ésta se compone con los retales de la experiencia, a través de un equilibrio entre comunicación y aislamiento. En este juego entre lo que mostramos y lo que ocultamos, entre los atributos que exhibimos y los que escondemos, podemos construir nuestra identidad con rebeldía o con sumisión, reivindicando nuestra individualidad y reconociéndonos como iguales o perdiéndonos entre las masas desintegradas e impersonales. Tratamos de autodefinirnos con autenticidad haciendo uso de nuestra libertad de elegir quién queremos ser, a pesar de que gran parte de aquello con lo que nos identificamos nos es impuesto desde afuera, y rechazamos contundentemente lo que decidimos que no nos es propio. Somos quien somos y quien no somos.

 

El proceso de creación, guarda una estrecha relación con el desarrollo de la propia identidad. Tomamos elementos, sólo aquellos que están a nuestro alcance, elementos que ya existen, que probablemente alguien desechó y les damos una nueva propiedad relacional, una nueva simbología, un nuevo significado. Los encuentros, las vivencias, los aprendizajes, son la materia prima que utilizamos para crear nuestra propia composición.

 

Voy buscando los pedazos de mi parca identidad.

Voy en busca de los trozos que me deben de faltar.

Yo los busco entre la gente, de esté mundo y más allá.

Los busco entre las palabras del que bien supo pensar.

Los busco entre mis amores, los busco en la soledad.

Entre las matas encuentro una pieza que parece encajar.

Si hundo los dedos en la arena, otras tantas podré encontrar.

Cuando muevo mi cuerpo al son de esa danza ancestral,

parece que los encuentro, pero, a veces, también se van.

Mi ropa no es suficiente, tampoco la vieja amistad.

El futuro que es incierto, quizás mañana valdrá.

No me sirven los recuerdos, algo tengo que inventar.

Pero hoy sólo dispongo del hogaño caminar

que me lleva por las veredas que me quedan por andar.

 

 

AVISO DE TORMENTA

25086720_1650626351693750_891694148_oRompió la tormenta. Tenía que romper algún día. No iba a estar soportando esas nubes negras toda la eternidad. Y ahora me siento tan bien. Suena el agua escurriéndose por todas partes e imagino que es un lodo negro, espeso y pegajoso, que había estado creciendo, y ahora es líquido y se escapa por cualquier sitio. No tengo que retenerlo más. Si todo se inunda, no me concierne. Si todo se moja, ya se secará. No me gusta ser desconsiderada, pero necesitaba dejar de pensar. Esos pensamientos viscosos estaban acabando con mi luz. He venido a sentir. No a pensar. Y siento que esto es lo mejor que he hecho en los últimos meses: dejar que rompa la tormenta y que salga el sol por donde quiera. Qué sería de la vida sin lluvia. Qué sería del corazón sin tormentas. Qué sería de esta alma sin un grito de alivio, sin un quejido sincero. Ya no duele. El nudo del estómago se disolvió con estos aguaceros. Si no salían de mis ojos, de algún lugar tenían que salir tantas lágrimas. Y para eso tengo un cielo que siempre me cuida. Un cielo que llora por mis pesares. Lloro ahora de puro alivio, unas insignificantes gotitas que se resbalan por el surco de mi sonrisa. Yo estoy aquí para cuidarme. El fragor de la tormenta se apacigua como un crio acunado por su madre. La lluvia me abraza, como siempre hizo, aun si la rehúyo, aun cuando la maldije. La lluvia siempre me canta para que duerma tranquila. Sus gritos se callan hasta ser un susurro que me amamanta. Un pecho caliente. Un latido constante.

 El cielo me ama.

DE LA ARMONÍA Y OTRAS DESVIACIONES

Como en la ciudad invisible de Leonia, desechamos al final de cada día una inconmensurable cantidad de basura que termina por amontonarse a las afueras de nuestras urbes. Pero antes de eso, las calles albergan toda clase de residuos a los que le hemos negado una segunda oportunidad. Al caminar por cualquier metrópoli, entre el tumulto y el ruido, podemos encontrar que nuestras basuras se han convertido en altares para la purga. Residuos no sólo materiales, también humanos, parias que la sociedad ha considerado inservibles, se amontonan en nuestras calles. Elementos vergonzosos, impuros, que habitan, en realidad, dentro de cada uno de nosotros.  De la misma manera y sin cabida para la objeción, catalogamos de desechable, marginal o inmoral todo lo que nos atemoriza. Las rarezas más insólitas que ocurren cuando se apaga la luz, las sombras en las que nos deleitamos con nuestras propias desviaciones, son los desechos de los que debemos deshacernos antes de acabar el día. Pero nuestras extravagancias tienen un precio. Por más que tratemos de huir de ellas, nos persiguen, se amontonan en las basuras, se reúnen bajo los puentes y nos asaltan en el silencio de nuestras habitaciones.

ARRASTRO LOS PIES

17807630_1421575464598841_8138735012873886753_oArrastro los pies.

Los arrastro como si deseara que algo acabase, pero no ha comenzado nada que tenga que acabar, más bien algo se resiste a empezar. Los arrastro como si llevara a mis espaldas una alforja cargada de piedras, que está repleta de un vacío tan pesado que parece cemento.

Soy de barro seco.

Mi cuerpo cruje. A cada paso que doy, mis pies se convierten en el mismo polvo que piso. ¿Dónde está el lugar que a mí me espera? ¿Cuál es el lugar del que nunca debí irme? ¿Cuánto más tengo que andar para llegar a mi destino? ¿Hasta cuándo debo esperar a que llegue mi momento?

Soy tierra cuarteada.

Sigo caminando. Muy lentamente alzo mi mirada al cielo. No hay elefantes. Aún tengo que caminar más. Mis pies han desaparecido en la arena. Camino con las rodillas y el polvo me cubre hasta la cara. El horizonte es rojo y abrasa cuanto queda a su paso. Ya no puedo abrir los ojos.

Ha llegado la noche.

Yo en el suelo esperándola y me agarró por sorpresa.

Cae una gota.

Me atraviesa. Es pesada y dolorosa. Era todo lo que quería, pero ha llegado tan tarde que ahora me duele. Han caído tantas que ya no pude contarlas.

Ahora soy lodo.

Me arrastro por el suelo igual que lo hace una babosa. Pliego mi cuerpo y lo vuelvo a estirar y, a pesar de mis esfuerzos, pocos centímetros me desplazo en cada intento.

Soy sólo un charco.

Siguen cayendo y otra vez tengo que esperar. Me quedo esperando. Caen las gotitas como suaves caricias sobre mí. Suenan, resuenan. Sobre mí las estrellas reflejadas, quizás son ellas las que se están cayendo y por eso no me dejan dormir.

Despierta la mañana.

Se iza por donde se fue la noche. Ya no soy charco, ni lodo.

Ahora soy arcilla.

Moldeable, blanda. Se alza mi cuerpo y camina sobre el suelo. Mis piernas son firmes y flexibles. Arranco de mí los pedazos que no quiero, hiño mi rostro para que sea lo que deseo.

¿Camino o me paro?

Eso no me importa ahora. Tengo mis manos. Tengo este cuerpo. Modelo mis caderas, labro mi espalda, cincelo mis rodillas y me esculpo unos pies.

Soy piedra.

Y antes de que pueda darme cuenta me habré convertido en polvo.

El polvo por donde otros arrastrarán sus pies.

UN DÉCIMO SIN NOMBRE

Confía, me decían. No pierdes nada. Juégatela. Si ganas, ganarás la luz. No gané nada. Lo perdí. ¿Dónde estaría? Se cayó, seguro. Volví por la calle de Lavapiés y juro que no levanté la mirada del suelo, pero no lo hallé. En la plaza lo tenía y al llegar al Calvario ya no estaba. Que estoy loca, dicen. Que cómo voy a perderlo. Pues quizás nunca lo tuve. Realmente, así me siento más afortunada, me queda todo por ganar. Nunca debí tenerlo. Gasté demasiado intentando ganar una identidad, esperando las palabras que me definiesen.  ¿Para qué? Es más fácil así. Ahora, si me preguntan mi nombre, no tengo nada que decir.